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El azúcar mata

Ayer el Ministerio de Consumo en el Día Mundial de la Alimentación  lanzaba el mensaje #ElAzúcarMata que ha generado división de opiniones en mi gremio. Aquí te dejo la mía.
 
Mi sensación es agridulce. Contenta por un lado porque por fin un gobierno plantea políticas para mejorar la alimentación de la población como una de las prioridades en salud y apenada por otro lado por las formas, en un menaje confuso que a mi parecer desvirtúa la finalidad de estas políticas.
 
🔸Sí. Tenemos un problema con las tasas actuales de sobrepeso y obesidad.
🔸Sí. El consumo medio de azúcares añadidos en la población está muy por encima de las recomendaciones. 
🔸Sí. El sobrepeso y obesidad aumenta el riesgo de morbimortalidad.
🔸Sí. El consumo de azúcares añadidos es uno de los muchos factores que afectan en la aparición de sobrepeso y obesidad.
 
Pero…
Lanzar el mensaje #ElAzúcarMata es como echar la toda la culpa del sobrepeso a la persona que lo sufre, mientras el ambiente obesogénico campa a sus anchas, como ya te explicaba hace unos años en este post titulado “El sobrepeso no se elige…”. Mensaje lanzado a personas que han crecido escuchando a diario la publicidad de alimentos azucarados, que han crecido viendo como los dulces se utilizan como premio, como regalo, como muestra de cariño, como celebración… en un entorno en donde es más fácil conseguir algún producto con azúcar que una ración de fruta (y a veces incluso más barato). 
 
Porque si el azúcar mata… ¿Por qué permitimos que forme parte de la mayoría de los productos que encontramos en el supermercado (y muy especialmente en los infantiles), en casi el 100% de los menús de los hospitales y sus máquinas expendedoras (¿no son centros de salud?), en casi el 100% de los establecimientos de hostelería, en centros educativos, tiendas de dulces al lado de parques infantiles, publicidad de alimentos que lo contienen en horario infantil…? ¿No es un mensaje confuso?
 
Porque el sobrepeso y obesidad como bien se dice, afecta más especialmente a las clases más favorecidas. ¿Y cómo hace una persona sin recursos para tener acceso a una educación alimentaria de calidad si no hay dietistas-nutricionistas en sanidad pública?¿Cómo esas personas digieren este mensaje sin ayuda sobre el cómo y sin afectar a su salud psicológica? ¿Yendo al médico a que le saque una dieta del ordenador y lo pese en una consulta de 5 minutos donde se le dice esto sí, esto no?¿Apelando a la fuerza de voluntad? ¿Prohibiéndose? ¿Quedándose en casa?
Quienes trabajamos intentado ayudar a personas con sobrepeso y obesidad sabemos muy bien que un porcentaje muy alto tienen una mala relación con la comida. Y sabemos muy bien el impacto que tienen los mensajes  todo-nada (“esto es bueno, esto es malo”, “si comes esto, tienes salud, si comes esto, te mueres”…). Lo hemos vivido muchas veces a lo largo de los últimos años con diferentes modas alimentarias, dietas, gurús de la alimentación… Este tipo de mensajes acentúan esa mala relación con la comida y hacen que en muchos casos se abandone el intento de comer mejor, al verlo como algo imposible de conseguir. ¿Es realista que a una persona que tienen una alta ingesta de azúcar se le plantee el extremo de no comer azúcar  en un entorno rodeado de él y habiendo crecido en una cultura de su consumo desde bebés?
¿Solo tienen que plantearse reducir el azúcar las personas que tienen sobrepeso y obesidad? ¿Y qué pasa con quienes tienen altas ingestas de azúcares  desde hace muchos años y no engordan? ¿Solo el azúcar es el culpable de la epidemia de sobrepeso?
Cuando se quiere reducir tanto el mensaje para que impacte y se entienda, puede llevar a confusión, especialmente si no estamos muy familiarizados con el tema. En alimentación, los matices pueden cambiar el mensaje.
Si el azúcar mata y se permite que el entorno esté rodeado de azúcar y de su publicidad y que el acceso público a una educación alimentaria de calidad es nulo. ¿No estamos empezando la casa por el tejado?
¿No sería mejor empezar creando entornos más saludables, limitando el acceso a este tipo de productos y de su publicidad (mucho más), facilitando el acceso y la publicidad de opciones saludables, facilitando el acceso a una educación alimentaria de calidad…?
 
Sé que no es fácil hacer políticas de salud sin afectar a los intereses económicos  ni a la salud psicológica y más en el momento en el que estamos, pero  creo que aunque la intención parece que era buena, se puede hacer mejor. 
Sí, uno de los objetivos es reducir la ingesta de azúcares en la población y yo soy la primera interesada en ello ¿Pero esta frase es la manera es la más adecuada para conseguirlo?
En este vídeo te lo explico con más detalle:

 
 

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