El sobrepeso no se elige…

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El sobrepeso no se elige…

 
Si crees que la obesidad es una elección y que solo es cuestión de no tener “fuerza de voluntad”, te equivocas.
 
Si te permites la licencia de llamar a alguien “gordo” o cualquier otro adjetivo despectivo en relación a su peso, te equivocas si crees que el siguiente no puedes ser tú ¿O a caso crees que eres inmune? Te aseguro que tengo la consulta llena de gente con sobrepeso u obesidad que nunca tuvo problemas con su peso y que por ello, “comía lo que quería”.
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Desde que nacemos, nuestro entorno nos predispone a tener sobrepeso: desde las papillas de cereales extra dulces que el pediatra le pauta a los bebés mañana y noche o las galletas de las papillas de la merienda, que ya van perfilando nuestras preferencias alimentarias; pasando por los “premios” dulces que nos dan constantemente de niños que hacen que cuando somos adultos y nos encontramos tristes/cansados/ansiosos/estresados… busquemos ese “premio” dulce que nos reconforta; los regalitos por la compra de productos basura; el uso de personajes de dibujos animados en las cajas; la publicidad de comida basura que bombardea en horario infantil; las bolsas de chuches que traen los niños a casa cada vez que alguno de su clase está de cumpleaños y el día “de las galletas” en el cole; las tiendas de chuches rodeando los colegios y parques infantiles; las máquinas expendedoras de comida basura en colegios, hospitales y en muchos trabajos; la bollería gratis con el café en el bar; la laxa legislación sobre el etiquetado y publicidad de alimentos que hace que acabes creyendo que es sano tomarse unos cereales Special K; el uso de sellos de sociedades sanitarias en productos basura; los menús de los colegios hechos a base de patatas fritas congeladas prefritas en grasas hidrogenadas, carnes procesadas y postres dulces; los menús del día donde es misión imposible encontrar una verdura o una simple fruta fresca de postre; las cajas de bollería del supermercado que son más baratas que la fruta; la vista gorda que hacen los gobiernos a la hora de no legislar de forma firme aunque esto perjudique a los intereses de la industria alimentaria; investigadores que no consiguen financiación para sus estudios sobre la relación entre mejoras en los estilos de vida y su repercusión en la salud porque no están asociados a la venta de ningún producto ni fármaco; la proliferación de los espabilados de turno que jugando con la vulnerabilidad de las personas con sobrepeso venden productos o dietas milagro promoviendo así malos hábitos, la falta de nutricionistas en el sistema sanitario que hace que para recibir el asesoramiento adecuado se lo tenga que pagar uno de su bolsillo (quien pueda)…
 
Podría seguir pero no acabaría la lista nunca y eso que no me he parado a pensar mucho…
 
Luego se suman todo tipo de circunstancias personales, médicas (enfermedades o ciertos tratamientos) y psicológicas que nos condicionan la manera en la que comemos: ansiedad, depresión, baja autoestima, presión por no pertenecer a los irreales cánones de belleza…
 
¿Sigues pensando que el sobrepeso es una elección?
 
En este ambiente obesogénico, lo raro es conseguir no tener sobrepeso, así que si es tu caso, o bien es porque tienes que nadar toda tu vida “a contracorriente” o porque has tenido suerte, simplemente, y quizás la suerte no te acompañe siempre, así que piénsatelo dos veces a la hora de juzgar a los demás, o resolverlo todo con la frase tan simplona de “pues come menos y muévete más” y empieza a entender que la responsabilidad mayoritaria del problema no es individual.
Te dejo una reflexión final: El sobrepeso y la obesidad ha aumentado de forma alarmante en las últimas décadas. ¿Crees que es porque la gente ahora tiene menos fuerza de vouluntad o está menos formada que antes?

Un comentario

  • Marta

    ¡Estupendo artículo! Yo no tenía problemas cuando comía en casa de mi madre comida casera, pero al irme a vivir sola y empezar a abusar de comida precocinada, junto con una vida sedentaria, ahora estoy en sobrepeso grado I.
    A tu excelente lista de condicionantes, yo añadiría también el tema de las intolerancias, cada vez más frecuentes (harían falta estudios en esta materia para determinar las verdaderas causas) y que en algunos casos desequilibran los ya de por sí desequilibrados nutrientes (por ejemplo, la falta de vitaminas si encima tienes intolerancia a la fructosa) o te “obligan” o tomar determinados alimentos en lugar de otros (yogures de soja -con muchísimo azúcar- en lugar de yogur natural, en casos de intolerancia a la lactosa).
    En fin, que muchas gracias por mantenernos bien informados. ¡Somos lo que comemos!

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